Por Ralph M. Lewis, F.R.C.

Puede un individuo iniciarse, a sí mismo, en sentido esotérico y místico? ¿Puede una ceremonia de iniciación enviada, por ejemplo, por el correo, ser efectiva y producir una verdadera iniciación?

La palabra “iniciación” proviene de la palabra latina “initia”, que es un término genérico que designa los misterios. Sin embargo, mucho tiempo antes de los romanos, los miste­rios existían en el mundo oriental. Los misterios no significan, en sentido ge­neral, nada extraño o pavoroso, sino un conocimiento esotérico o privado. En realidad, los misterios eran una gnosis o una sabiduría superior. Por superior queremos decir un conocimiento que trasciende de la información profana y corriente del día; consiste de conoci­mientos pocos comunes acerca del hom­bre, la naturaleza y los dioses, que es de índole sagrada y, por consiguiente, ele­vada.

Debido a que ese conocimiento, como pasó con las ciencias primitivas de la matemática, la astronomía y las ideas religiosas acerca de la inmortali­ dad, era el resultado de grandes estudios y labores mentales, se les apreciaba en alto grado y no se les rebajaba con discusiones profanas. Solamente las per­sonas que eran dignas podían recibir las enseñanzas de los misterios.

Para recibir iniciación, el candidato debía demostrar su debida calificación; debía demostrar estar poco satisfecho con el orden prosaico de la vida; debía desear adquirir un nuevo poder, pro­ducir un tránsito en su pensamiento y en los asuntos de su vida; su propósito debía estar de acuerdo con el gran valor que se asignaba al conocimiento y poderes que recibiría en su iniciación; debía demostrar, por su preparación y pruebas, que estaba listo para recibir este gran honor; estar listo consistía en pureza mental, capacidad mental para comprender, y muchas veces ciertas calificaciones físicas también, como lo es tener salud suficiente.

Psicológicamente, los elementos de la iniciación, por lo que respecta al individuo, son:

(a) Acudir a la introspección, la función de analizarse honradamente a sí mismo y a su propia vida, y llegar a una conclusión acerca de nuestras necesidades e insuficiencias, ya fueren espirituales, morales o intelectuales.

(b) Engendrar dentro del individuo la aspiración de alcanzar el ideal que, según sus ideas, pueda vencer las deficiencias que hemos observado en nues­tra propia naturaleza.

(c) Obtener del individuo compromisos sagrados, una promesa formal, que él hará a sí mismo o a otros, de que tratará de realizar sus aspiraciones, a pesar de cualesquiera sacrificios que haya que hacer.

La estructura de todas las verdaderas ceremonias iniciatorias, por medio de las cuales entramos a los misterios y tenemos acceso a ese conocimiento excepcional, consiste de cuatro elementos. El primero de estos elementos o ritos básicos se conoce con el nombre de separación. Este consiste de un ritual por medio del cual se graba en el can­didato la idea de que va a ocurrir un tránsito en su conciencia; tiene que haber un cambio en el orden de sus ideas y en su manera de vivir; debe apartarse del antiguo régimen de ideas y acciones. Esta separación del viejo orden se efectúa algunas veces, de ma­nera dramática, vendando los ojos del candidato o haciéndolo entrar en un cuarto oscuro, donde pudiera intencio­ nalmente haber mucho ruido, para representar el caos y el cambio de un estado de mente y de vida a otro.

El segundo elemento es el rito de admisión. Por medio de varios actos impresionantes, se hace comprender al individuo que está entrando en un plano superior de pensamientos, que él ésta renaciendo en su conciencia. Debe llegar a saber que ha dejado detrás de sí sus conceptos pasados y sus maneras erradas, y que se ha elevado a una percepción y apercepción más elevada de la existencia. Durante esta cere­monia, pudiera ser que real y verdaderamente lo levantaran de un sarcófago o ataúd para simbolizar así el renaci­miento en un plano de pensamientos avanzados.

El tercer rito es de la exhibición. En él se revelan al individuo los sagra­dos símbolos y signos, preceptos y verdades de la nueva gnosis que se le confía. Esos signos muchas veces indi­can los conocimientos que se le impartirán a medida que progrese en los misterios.

El cuarto rito fundamental de la ini­ciació n es el reingreso. Es una prepa­ració n para el regreso verdadero del iniciado, una vez más, al mundo pro­fano de donde vino. Primero se le hace prestar promesa solemne por la que se compromete a conservar en secreto sus experiencias. También se le dice que aplique sus experiencias a su vida, pues aunque regresa al mundo después de haber renacido, ha experimentado un tránsito en su constitución espiritual y mental y debe vivir de acuerdo con su nuevo estado de esclarecimiento.

Así, se verá que la iniciación, fundamentalmente, comienza en la mente y en la naturaleza emocional del individuo. Este debe criticarse a sí mismo; no puede ser un afectado, satisfecho de sí mismo; tiene que tener la aspiración de elevarse por encima de su presente estado moral e intelectual; debe desear la mejora de su ser; debe buscar aque­llos estados, condiciones, cosas, que contribuyan a su satisfacción moral, in­telectual y psíquica.

La verdadera ini­ciació n es fundamentalmente de natu­raleza mística; es la elevación de la conciencia por medio de la cual ocurre una transformació n de la personalidad manifiesta. El yo debe quedar iluminado, dotado de una nueva gnosis, por medio de todo lo cual se le revelarán nuevos horizontes de comprensión y de realización. Si no existe ese estado de gracia psíquico, intelectual y emocional, el individuo no ha sido iniciado.

Las formalidades externas, el ritual que consiste de actos como la genufle­ xión, la circunambulació n, la música, el incienso, los cánticos y otras cosas generales, son principalmente simbóli­cos; representan el significado de aspectos de la iniciación; sugieren estados mentales por los que tiene atravesar la conciencia del candidato. En realidad, esos elementos externos tienen por ob­jeto ayudar psicológicamente a que se produzca el estado de conciencia apropiado o la experiencia psíquica por medio de la cual el candidato queda verdaderamente e interiormente inicia­do. Si este estado de conciencia no prevalece, y no es una experiencia ín­tima e inmanente, entonces no ha habi­do una verdadera iniciación, sea cual fuere la complicada ceremonia realizada.

La iniciación tiene que ser algo más que una experiencia mental o intelec­ tual. Una presentación lógica del sim­bolismo y la aclaración de principios filosóficos no son suficientes. Tiene que haber una experiencia esotérica y una elevación emocional, una especie de regeneración espiritual por medio de la cual el individuo siente que ocurre un cambio dentro de sí mismo, y no sola­mente en el medio que lo rodea. Es, por lo tanto, absurdo que cualquier per­sona sostenga que la iniciación no es posible sino en determinados recintos y con cierto número de personas que estén oficiando. Todo esto tal vez con­tribuirá a ayudar al candidato para que él inicie a su propia conciencia; pero tiene que ser él mismo quien se inicie.

Nadie puede iniciar a otro. Un indi­viduo apenas puede actuar en este caso como preceptor o guía.

Como la iniciación esotérica es, pues, de índole mística y produce un tránsito en la conciencia, la ceremonia puede llevarse a cabo por el candidato solo y en privado. Puede uno arreglar su santuario dentro de su propia casa, y experimentar ese estado exaltado que es el fin de la iniciación, sin que otras personas estén presentes. Un candidato solo, privadamente y en su propio hogar, si lleva a cabo la ceremonia apropi­ada, puede realizar y comprender los ritos de la separación, la admisión, la exhibición y el reingreso o retorno al mundo diario.

Puede exhibir ante sí mismo los signos y símbolos sagrados y contemplar su explicación tal como se le ve en el ritual. Después de todo, aquel que en la profundidad de un bosque trate de entrar en comunión con la naturaleza o con el Cósmico, o dentro del silencio de sí mismo y con gran humildad y sinceridad, rece y pida iluminación y un resurgimiento de poderes cósmicos, y los reciba, ha sido iniciado, en sentido místico. Consciente o inconscientemente, ha empleado los elementos necesarios para la iniciación, mediante los cuales se inducen o producen esos efectos.

En realidad, las ceremonias de inicia­ció n en que toman parte muchas per­sonas y que tienen muchas funciones y actos externos, deben ser preparadas muy cuidadosamente y por aquellas personas que conocen la técnica de la iniciación. Si no se hace así, el ritual, por sí solo, fracasará en su propósito; puede llegar a ser tan objetivo, por el atractivo que ejerza en la razón y en la curiosidad, que impida al candidato entrar, ni siquiera momentáneamente, en aquel estado subjetivo mediante el cual se produce y se realiza la iniciación.

Con respecto a la pregunta de si un ritual de iniciación, enviado por correo, puede producir efectos, la contestación es, naturalmente, que sí. Si el ritual está preparado de tal manera que, al realizarlo, las condiciones psíquicas y el estado de conciencia necesario para la iniciación se producen en el candi­dato, entonces se tendrá todo lo requeri­ do. Poco importa que el ritual se presente al individuo en forma escrita o impresa para que él lo lleve a cabo con sus propios actos personales, o bien que le sea revelado oralmente por otras personas. Lo repetimos: ante todo es esencial que el individuo busque verda­deramente la iniciación, en sentido místico.

Virginia Gaskell Marmol
Teurgia Goetia GruposYahoo

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One comment

Juan Lobsang
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Estoy de acuerdo en que hay quienes tienen la capacidad de conciencia superior a la de un iniciado aun sin serlo, y que pueden ser considerados iniciados sin ceremonia, pero otros (y son los mas) no tendran ese nuevo despertar ni aun con la ceremonia y si ellos creen que por hacer una ceremonia privada van a iniciarse pues se estan auto-engañando.
Creo que hay un aspecto que se deja de lado y que tiene que ver con la comprension de los principios que se estan revelando; dado que todos tenemos un diferente nivel de desarrollo intelectual, emocional y espiritual, no puede haber garantia de que un ritual escrito sea material suficiente para el logro de este despertar a una nueva cociencia.
Un candidato para iniciacion no necesariamente la recibira, aun cuando participe de la ceremonia; pues durante esta misma se hacen una serie de evaluacines respecto de la capacidad y correcta comprension de cada uno de los pasos que se dan.
La necesidad de iniciacion es en efecto obtener una nueva conciencia, y para tenerla es vital estar ciertos de que las nuevas capacidades han sido asimiladas una a una.
Cuando se habla de un determinado numero de personas, no es gratuito, ni es magia o superstision sino de que cada uno se hara responsable del desarrollo de una actividad o de evaluar algun aspecto o reacción en particular y todas estas actividades son simultaneas asi que la ausencia de un miembro dejaria un aspecto desatendido, el lugar y los instrumentos dejan grabada una impresion por su inesperado e inusual uso (para el iniciado) por lo que se pierde todo el objetivo si el mismo candidato prepara todo.
Un iniciado no puede por ese solo hecho pensar que puede iniciar a otro, sin haber sido capacitado para ese proposito pues desconocera el objetivo de cada aspecto de la ceremonia aun cuando la haya vivido.
Seria como querer nadar sin haber tomado clases ni haber entrado al agua solo por haber visto por television una competencia de esta disiplina.

March 15th, 2008 at 9:18 pm

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