Cuando era niño, me gustaba el juego de "conectar los puntos".
Comenzaba con una página llena de puntos numerados. Colocaba la
punta de mi lápiz en el primer punto y dibujaba una línea hasta el
segundo, luego al tercero y así seguía. Al rato aparecía una imagen:
una vela, una flor, un caballo, una casa. Lo que parecía una página
llena de puntos dispersos sin relación, se volvía la imagen de un
objeto reconocible.
A veces, nuestras vidas parecen una larga sucesión de eventos y
circunstancias que no tienen ninguna relación. Cuando consideramos
cada uno de ellos de modo individual, sin ver los demás y
olvidándonos que Dios tiene nuestro mundo en Sus manos, esas
experiencias parecen una mezcla caótica. Pero según vamos creciendo
en el conocimiento de los caminos de Dios, podemos llegar a ver
nuestras vidas desde la perspectiva de Dios… siempre emerge "un
hermoso cuadro".
La mezcla desordenada de puntos dispersos se vuelve una imagen
clara, con las líneas conectando los puntos que sirven a un
propósito específico, definiendo el contorno interno y externo de lo
que Dios está haciendo en nuestras vidas.











Que lindo pensamiento!
muchisimas gracias por compartir.
Nunca había imaginado verlo de esta manera, y tienes mucha razón.
Las señales estan por doquier, aunque algunas veces no podemos apreciarlas.
Debemos abrir nuestro corazón y los ojos, porque fueron creados para ver más allá.