Dios Dijo:
Amado hijo, ¿qué esperas que te diga que no haya sido dicho mil veces ya? ¿Qué respuesta te satisfará? ¿Qué respuesta en palabras simples puede ser suficiente?
Pero lo diré de nuevo de otro modo para que sepas que Me preocupo por ti y por lo que Me preguntas. No soy desatento con ninguno de Mis hijos, y todos son Mis hijos. Yo te atesoro a ti y a todos Mis hijos esparcidos por el mundo. Ni la vida del cuerpo ni la muerte del cuerpo cambia eso. Ni la salud ni la enfermedad del cuerpo cambia eso. Nada cambia al amor sobrecogedor que tengo para ti. Tú tienes Mi amor.
Ahora voy a decir "tú", refiriéndome a todos Mis hijos, sin separar a ninguno. Ahora les estoy hablando en general -a ustedes que se sientan delante de Mí. Y todos se sientan delante de Mí, algunos más cómodos que otros. Algunos están más cómodos Conmigo que otros. Pues hay muchos en la Tierra que dudan de Mi existencia o que sólo creen en Mí de vez en cuando.
Algunos podrían pensar "¿Cómo puede ser que exista un Dios y yo estoy sentado acá con una enfermedad grave? Me voy a morir. Podría demorar, pero voy a morir. No sólo voy a morir, puede que muera con dolor. ¿Qué clase de Dios permitiría eso, y ni hablar, crear eso? O, si no lo creó él, entonces ¿cómo podría ponerme en esta situación un Dios que pretende amarme? Si de alguna manera me causé solo la enfermedad, ¿cómo pudo permitírmelo un Dios del amor? ¿Cómo me permitió ser tan ignorante como para hacer esto? ¿Un Dios me pone trampas? ¿Me puso en una jungla y me dijo que siguiera y encontrara la forma de salir? ¿Me ama Dios o no? ¿Se preocupa o no? Si es así, ¿entonces cuánto lo hace? ¿Sabe siquiera lo que me está sucediendo? ¿Está prestando algo de atención? ¿Y qué significa si lo está haciendo? ¿Cuánto vale Su atención? ¿Cuánto valgo para Dios?
Y entonces, un hijo Mío podría agregar el sentirse privado de todos los demás sentimientos.
Te diré el nombre de tu enfermedad. Se llama vida. La vida es la enfermedad. A menos que tuvieras la vida del cuerpo, no experimentarías la muerte ni ninguno de sus precursores. ¿Preferirías haberte negado la vida?
El momento en que un cuerpo Humano nace, se enfrenta a una sentencia a muerte.
Nadie sabe el momento en que la sentencia será llevada a cabo. Nadie sabe el momento ni los medios. Nadie en la Tierra.
Este es el contrato que firmaste. Estuviste de acuerdo con nacer en un cuerpo Humano, y estuviste de acuerdo con dejarlo atrás. Conocías la insignificancia del cuerpo. Te resultó tan sencillo firmar este contrato que hasta te pareció absurdo el tener que hacerlo. Y ahora quieres renovarlo. Ahora protestas. Ahora estás horrorizado con que tu vida termine así. Hasta te sientes traicionado.
Cuando un árbol pierde sus hojas, ¿llora?
Eres el árbol, y lloras por algo tan mísero como tu cuerpo. Te aferras con todo a él, a este vehículo llamado cuerpo. Puede que no hayas disfrutado mucho de tu vida en ese cuerpo, pero ahora protestas por su desaparición, como si la muerte fuese una afronta en lugar de una bendición.
En tu vida en la Tierra, te mudaste de una casa a otra. A veces esas mudanzas no fueron voluntarias. Puede que hayas sido desalojado. De alguna manera, al final, todo salió bien. Te digo que esta mudanza que estás contemplando en este momento no es una que lamentarás. Para nada.
Experimentaste la muerte de los cuerpos de los seres queridos. Y Yo te he dicho que no hay pérdida. Tú, que fuiste dejado en la Tierra puede que te hayas dado cuenta de esto. Puede que hayas sentido que la vida de tus seres queridos era eterna; una vez que te olvidaste de la idea de que ellos eran sus cuerpos, eso es todo. Y ahora estás mirando esta ecuación desde el punto de vista de aquel que está por partir, o que se supone que parte pronto. Recuerda, nadie conoce el momento de la muerte, ni de sí mismo ni de otro. Sea quien fuere que proclamó un conocimiento interior del período que dura tu vida en la Tierra, sólo intentaba adivinar. No es Dios. Yo soy Dios.
Pero, no importa, incluso si se extiende tu vida en un cuerpo en la Tierra, eso no quiere decir que eres más favorecido que otro cuya vida mortal no es extendida. Sólo significa que tu cuerpo vive más. Se puede postergar la muerte, pero no se la puede negar.
Mientras tanto, sientes miedo. Temes la muerte y que, después de todo, no haya nada. Que Yo te diga que la muerte trae completitud puede que no alivie a tu corazón. Ya te han engañado antes.
Incluso si crees que lo que la muerte te depara es maravilloso, te preocupas por otras cosas.
Temes lo que te depare el resto del período de vida, y si estarás a su altura. Te preocupas por lo que tengas que atravesar y por cómo será tu desempeño. En parte, quieres que el momento de la muerte llegue rápido, y en parte, quieres demorarlo. Puede que no sepas lo que quieres.
Aún no sabes de qué eres capaz. Pero tengas lo que se llama una muerte buena o una muerte pobre, es sólo la muerte, hijo Mío. Eso es todo lo que es.
También temes por lo que dejas atrás. Todo el control de eventos imaginado tiene que dejarte ahora.
Puede que temas por tus seres queridos que no pueden venir contigo todavía. Temes por sus vidas sin ti, y que al momento de sus muertes, estén solos. Al menos, tú no estarás con ellos. Pero, sí, lo estarás. Estarás con tus seres queridos más que lo que estás en este momento. Lo que te digo es cierto. Todas las cosas que te separaron ya no existirán. No los estás dejando. Comprende eso.
Tanto como puedas, comienza a pensar en que este es un viaje en el que estás. Es un viaje, y es una aventura. Lo que descubrirás al final no te resulta desconocido porque ya lo has transitado antes. Muchas veces. Puede que te hayas olvidado, pero cuando llegues a este valle del cual no puedes escapar, dirás "Oh, ahora que estoy aquí, recuerdo su brillo dorado. Sí, estuve aquí antes. Oh, sí, me acuerdo. Empecé aquí. Gracias a Dios estoy en Casa". Puedes planear un poco este viaje.
Tú, que creíste estar más cerca de la muerte que los demás has sido bendecido para enfrentar la vida. Basta de ilusiones. Sólo la verdad ante ti. Y en este momento, incluso mientras hablamos, estás contemplando más a la verdad.
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Gloria Wendroff, Overseer
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Por éstos días, estamos experimentando la enfermedad y las idas y venidas de el abuelo paterno de mis hijos. A pesar de que he tratado de hablarle, uno de ellos, desde hace tiempo ya, no comprende el porqué de la muerte.
Se revela, lo cuestiona, lo llena de angustia. Hace pocos años, perdió a una compañera de estudios. Poco después, otro amigo de la escuela, que frecuentaba mi casa, fue encontrado muerto, colgado de una viga de un techo. Esos eventos lo trastornan de tal manera que se nos hace imposible conversarlos con él. Nos queda la oración. Hacia Tí Señor elevo mi plegaria de madre.
Que la Luz Divina de la comprensión abra el entendimiento de mi hijo. Estoy segura de que con ayuda, tiempo y oración, madurará el tema. Gracias Señor por el Don de la Vida, gracias por darme la oportunidad de darle la mano, cada vez que los veo desfallecer. Gracias por darme Tu Mano para caminar ésta Gran Aventura de la Vida!!!