La New Age surge, sin guía alguna (por eso es un “movimiento” y no una “secta” que requiere de la existencia de un líder “iluminado”) en los Estados Unidos durante los últimos años de la guerra en Vietnam. El auge de los Beatles, el hipismo, un repentino interés por el mundo oriental (de lo cual son ejemplos muy evidentes la novela y luego film Los Caminos a Katmandú así como la visita de los cuatro de Liverpool a la India para aprender del Gurú Maharishi) extendiéndose enseguida a Europa y el resto de América.
El movimiento es resultado de una necesidad psicosocial de los jóvenes. Había un sentimiento de asfixia, de falta de libertad, de demasiados límites y de la muerte siempre presente y a la mano. Así la ópera Hair —emblemática de la Era de Acuario o New Age— comienza con un grupo de yanquis quemando sus citaciones para enrolarse y pelear en Vietnam. Son los días del “flower power” y de “haga el amor, no la guerra”. Los parisinos leerán en las paredes “la imaginación al poder” y “sea realista, pida lo imposible”. J. P. Sartre dirá que el mayo francés lo tomó por sorpresa. Jacques Bergier y Louis Pauwells publican su duradero best seller “Le Matin des Magiciens” y se aprestan a triunfar haciendo masiva a “Planeta”, nada menos que a una revista libro.
La percepción (esto es los cinco sentidos) aparece como una barrera a superar. Alucinógenos, estados alterados de conciencia, música “que aturde” pero también: canto gregoriano y mantrams de los monjes orientales.
La razón y la lógica igualmente son apreciadas como algo que limita e impide acceder a otras realidades. Meditación, yoga, un interés exponencial por la Astrología, la Parapsicología que ingresa a las universidades, nuevas psicologías de lo inconsciente, investigación de los ovnis, búsqueda de ángeles, las fuerzas espirituales, la sabiduría del mundo precolombino, el chamanismo, los monasterios del Tíbet, el Dalai Lama. Editores argentinos sorprendiéndose porque un libro voluminoso, extraño y caro se convierte en best seller: es el I Ching.
En verdad, todo muy interesante. Pero en el camino —para la gran mayoría— la superficialidad y el facilismo así como la falta de compromiso y de responsabilidad se convirtieron en moneda de uso corriente. Ese es el real peligro que entraña no la New Age en sí misma, sino la manera en que cada uno toma los conocimientos.
Daremos tres ejemplos:
Cuando por la televisión mundial la serie Kung Fu alcanzó millones de seguidores, las artes marciales se pusieron de moda. Todos querían parecerse al protagonista. Y decimos “parecerse” y no ser como él, puesto que el lugar de identificación buscado era el único fácil: practicar artes marciales. Empero nadie perseguía alcanzar el grado de dominio psicocorporal evidenciado en la presentación misma de la serie donde el joven monje alzaba con sus brazos un yunque al rojo vivo tatuándose sendos dragones. Aquí tenemos un caso claro de superficialidad y facilismo. El verdadero interés no es el desarrollo de capacidades latentes, sino lucirse ante los demás haciendo acrobacias deportivas.
El segundo ejemplo lo tenemos en los católicos que creen en la reencarnación, cuando la Iglesia Católica tiene la resurrección como dogma de fe. Aquí hay una clara falta de compromiso con el culto que se dice aceptar y responsabilidad con uno mismo que, finalmente, lleva al desconcierto y la confusión.
Un último ejemplo podría ser el de quienes se convierten en vegetarianos pero consumen drogas.
En verdad de lo que se trata es de adoptar el modelo completo de vida y no construir uno a gusto del consumidor de manera de no hacer esfuerzo alguno y culpar a los demás de los dramas personales.
Todo esto no es patrimonio de la Era de Acuario sino una manera desacertada de actuar, demasiado frecuente hoy.
Se viva en el lugar y tiempo que sea, el hombre necesita —para existir en armonía— un proyecto trascendente que sólo se puede alcanzar con esfuerzo, perseverancia y actitud mental positiva.
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Los catolicos creen en la reencarnacion? No se de donde sacaste semejante cosa