Honro a las personas en mi vida y les demuestro respeto. Mas, ¿recuerdo honrarme y respetarme a mí? Al hacerlo también honro a Dios, porque soy Su creación divina. ¿Cómo he de honrarme? Escucho y sigo el silbo apacible y delicado, el cual guía mis pensamientos, palabras y acciones. Doy gracias por mi cuerpo y decido comer correctamente y hacer ejercicio.
Reconozco mis habilidades y talentos únicos, consciente de que siempre puedo aprender y hacer más. Tomo tiempo para la reflexión espiritual. Esta es parte importante de mi vida y un reflejo de quien soy como una creación amada y honrada de Dios.
Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de bondad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia. —Colosenses 3:12
¿Te gustó este artículo? ¡Recibe más en tu correo!
|
|
|
|
|






