Tengo la atención centrada en la integridad del Espíritu.
Me dedico a hacer lo que sé que es bueno para todos los interesados. Al permanecer en la integridad del Espíritu, expreso respeto y honestidad. Mi intención de llevar una vida honorable guía mis acciones. Prosigo con mi vida, donde el Espíritu es mi brújula moral.
La integridad se viste de muchas maneras. Es llamada honestidad, honor y virtud, reconociendo siempre nuestra unidad con Dios. Cuando enciendo consistentemente mi vela de integridad, apago la negatividad y el miedo de mi mundo. Con cada elección confiable y verdadera, recibo una bendición. Ofrezco luz al mundo al vivir partiendo de la honestidad de mi centro crístico.
En paz y en justicia anduvo conmigo, y a muchos hizo apartar de la maldad. —Malaquías 2:6










