Factor importantísimo de la personalidad, muy bien estudiado por la antigua ciencia psico-fisiológica hindú y aún no claramente identificado por nuestra psicología occidental, Prana, energía vital o energía psíquica, es la sustancia que suministra toda la energía al cuerpo físico para sus funciones biológicas y, al mismo tiempo, constituye el principio energético de las demás estructuras sutiles. Depende, pues, de prana, el que las funciones físicas y psíquicas tengan una mayor o menor actividad. Y según el modo como esta energía pránica esté distribuida predominarán determinadas funciones fisiológicas y determinadas cualidades psíquicas.
La energía pránica circula a través de una complejísima red de tubos o canales de materia sutil (no física), que reciben el nombre de «nadis». Pero además de circular por estos nadis, la energía pránica se acumula en unas estaciones o depósitos a los que se da el nombre de «chakras» (ruedas) o «padmas» (lotos), constituyendo verdaderos centros acumuladores, transformadores y distribuidores de prana. Estos centros son los verdaderos puntos de contacto de las estructuras sutiles con el cuerpo físico, por lo que son también los verdaderos centros de conciencia.
La conciencia, no obstante, los registra en general de un modo difuso debido a la presencia en todo el organismo de los nadis que, aún recibiendo su energía de los chakras o centros son, a la vez, vehículo de unión de la mente con el cuerpo físico a través del sistema nervioso.
Cada chakra o centro pránico tiene una definida correlación con una determinada región del cuerpo físico a través de su correspondiente plexo nervioso y de una glándula endócrina y, al mismo tiempo, se relaciona con determinados estados de conciencia. Así, en la India, hace siglos es un hecho establecido el porqué y el cómo de la relación existente entre el cuerpo y los estados de conciencia. Por qué, por ejemplo, la angustia se localiza en unos casos en la boca del estómago (chakra Manipura) o a nivel del corazón (chakra Anahata) o en la garganta (centro Visuddha), produciendo a su vez definidos trastornos funcionales del aparato digestivo, o del corazón y vías respiratorias o, en fin, de la glándula tiroides o de los órganos de fonación, según los casos. Y, a su vez, cómo los trastornos orgánicos de origen físico afectan el carácter y el tono psíquico, siempre a través del puente establecido entre lo físico y lo psíquico por la energía pránica.
Pero lo más importante de la existencia de la energía psíquica y de los centros o chakras es no sólo que explican la interacción existente entre el cuerpo y la mente, sino que gracias a técnicas precisas y muy bien estudiadas en Oriente, es posible manejar esta energía psíquica transfiriéndola de los centros donde esté acumulada en exceso a otros centros deficitarios, consiguiendo así concretas transformaciones saludables tanto en el orden físico como en el psíquico y el mental. También con esas técnicas es posible aumentar la asimilación de la energía pránica y acumularla en los centros superiores gracias a lo cual pueden desarrollarse hasta un grado extraordinario las facultades superiores del espíritu. Tal es el modo de operar de las antiguas técnicas del Yoga, en todas sus formas.
Antonio Blay – La personalidad creadora
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Quen buen artículo! Ha aumentado el nivel de comprensión que tenía sobre el tema. Gracias!