por Myrtle Fillmore
Todos los verdaderos seguidores de Jesucristo deben disciplinar el ser humano en el viaje de la conciencia personal a la Crística. La parte humana de nosotros quiere aferrarse a cosas visibles y a otra gente. Mas, a medida que el Cristo impersonal y espiritual encuentra expresión cesamos gradualmente de apoyarnos en estas limitaciones materiales.
Nuestras facultades espirituales se tornan tan fuertes, vitales y sustanciales que podemos contactar el gran invisible en ellas. Cuando estas facultades están bien desarrolladas, la realidad invisible se nos torna todavía más real, sustancial y durable que lo que las cosas materiales son para los sentidos.
Estudiamos a Dios como Mente, y a la gente como mente; y encontramos que en la expresión de ideas divinas la gente definitivamente tiene centros de conciencia, los cuales han sido construidos por el alma en su esfuerzo de utilizar las ideas divinas o las cualidades del ser.
Hemos encontrado que hay doce centros básicos de conciencia, que son el resultado del uso de las cualidades de Dios de vida, amor, sabiduría, poder y sustancia por parte del alma.
Estos centros de conciencia son centros de la Mente-Dios; pero han construido el organismo físico por medio del cual se expresan. Tenemos doce sitios en el cuerpo donde el alma expresa cualidades definidas que forman la conciencia Crística —por lo menos nosotros la llamamos conciencia Crística cuando el individuo se expresa bajo la ley divina. Desarrollar estos poderes y capacidades latentes de la persona interna es la llave que nos abre el reino y nos da la maestría Crística. Cuando hacemos esto triunfamos en lo que quiera que emprendamos.
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