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Existen muchas teorías acerca de la evolución de hombre y su aparición en el planeta Tierra. Cualquiera de ellas podría ser cierta. Pero ¿cómo saber cual de ellas? De hecho esto ni si quiera importa. Lo importante es creer en alguna de estas teorías. Yo personalmente me inclino hacia las teorías de los astrofísicos. Ellos plantean que antes de existir el Sistema Solar, solamente existían las partículas de polvo que no se sabe todavía a ciencia cierta como, comenzaron agruparse y compactarse. Las estrellas nacen, se desarrollan, maduran, envejecen y mueren. Nuestro Sol, cuando nació no era igual a como es ahora y cambiará, cuando llegue a la madurez y después se ponga viejo. Y en cierto momento se apagará. No es mi propósito desarrollar un discurso científico acerca de la evolución de las estrellas. El lenguaje científico es muy complejo para que lo entienda todo el mundo. Quien tiene necesidad de saber acerca de esta problemática consultará las fuentes pertinentes. Yo simplemente les contaré una historia. Tal vez a través de ella será posible revelar algún u otro secreto acerca del surgimiento de todo de la nada.

Había una vez en ningún lugar un Nada. Nadie sabe en que momento, ni como el Nada comenzó a cambiar. El culpable de estos cambios fue la Conciencia. La Conciencia siempre estuvo consciente que ella y Nada son lo mismo. Ella quería ver a si misma. Pero la única manera de lograrlo era convertir al Nada en el Todo. Y para que esto ocurriera la Conciencia, la muy ingeniosa, puso entre el Nada y el Todo al Ritmo. A pesar de que el Ritmo siempre estaba entre el Nada y Todo, no se despegaba de la fuente de la creatividad de la Conciencia. La fuente de la creatividad permitía al Ritmo multiplicarse infinitamente sin que el Rimo deje de ser Ritmo, y transformarse en lo que la Conciencia quisiera.

De los ritmos la Conciencia creó infinita cantidad de universos. El potencial creativo de la Conciencia era tan grande que ningún universo parecía al otro. La Conciencia habitaba todos los universos simultáneamente. Y para que el juego nunca termine la Conciencia llamó a la Evolución. La Evolución, igual que el Ritmo, se alimentaba de la fuente de creatividad de la Conciencia. Ella se encargaba hacer el juego de la Conciencia divertido y para ello se ponía de acuerdo con el Ritmo y juntos ellos hacían un plan estratégico y la Conciencia ejecutaba este plan.

La Evolución y el Ritmo propusieron a la Conciencia invitar a la Materia. Con la Materia el juego sería mucho más divertido: la Conciencia tendría posibilidad de obtener forma. La Conciencia aceptó la propuesta con la condición que la Materia tendría que alimentarse única y exclusivamente de la Fuente y nunca se repetiría en ninguno de los universos. La Conciencia se encargaría de transformarla en lo que ella quisiese. Así comenzaron nacer las galaxias, hechas de las estrellas. Cada estrella en sí era la propia Conciencia. Y cada estrella tenía su propio universo dentro del universo grande. Y cada universo grande era parte de la Conciencia. Así de la Nada nacía Todo.

Dentro de Todo, la Conciencia creó en la galaxia Vía Láctea una estrella, llamada Sol. En el juego conjunto la Materia complace a la Conciencia y permite al Sol utilizarla para crear las formas más pequeñas y más densas. Del polvo cósmico nacieron Marte, Venus, Tierra, Júpiter, Saturno, Uranio, Neptuno. La Conciencia le dio tareas a cada uno nacido del Sol. Martes debería enseñar como ser guerrero, Venus era responsable por la belleza, Tierra se responsabilizó por enseñar el amor, Júpiter enseñaba gobernar, Saturno conservaba al tiempo, Uranio respondía por los cambios y Neptuno era el dueño de los sueños. Todos los nacidos de la magia del Sol eran hermanos. Cada cual tenía su propia vida, eran independientes pero a la vez uno no podía vivir sin el otro. Y claro, ninguno parecía al otro. Ninguno competía entre sí, por que conocían su autenticidad e importante papel que jugaban dentro de esta familia grande. La Conciencia les dio la libertad de organizar sus propios mundos. Cuando los planetas terminaron la tarea, la Conciencia quiso ver el resultado. Estuvo satisfecha con todos, menos con la Tierra. El mundo de la Tierra fue tan feo que a la Conciencia no le quedó más remedio que destruirlo y permitir a la Tierra volver a intentarlo. Esta vez la Conciencia estuvo vigilando muy de cerca lo que estaba haciendo la Tierra. Pero nuevamente la Tierra no logró satisfacer a la Conciencia.

Para que el mundo de la Tierra cambie, la Conciencia decidió regalarle a la Tierra la Luna. El planeta azul hecho totalmente de agua comienza a transformarse. Aparecieron primeros espacios sólidos en su superficie. Las criaturas que habitaban el mundo de la Tierra, gracias al trabajo de la Evolución entraron en transformación. La Conciencia observaba los cambios y sentía que algo le faltaba al mundo de la Tierra. Entre todas las criaturas ella no ha encontrado a ninguna a la cual podría utilizar para poder manifestar su brillantez. La Luna complace a la Conciencia y de la espuma del agua crea a un nuevo habitante del planeta Tierra, muy diferente a todos las criaturas existentes. El nuevo ser le gustó a la Conciencia y ella decide utilizarlo para estar en la Tierra. Le dio el nombre “Ser Humano”. Y parte de si misma, que puso dentro del Ser Humano, decidió llamar Conciencia humana.

La Evolución le propuso a la Conciencia estar en el planeta Tierra sin conciencia. Y para perder la conciencia la Conciencia manda a los ritmos pasar por una serie de procesos de transformación que cuando lleguen a la Tierra, olviden quienes son y de donde vinieron. Y solo cuando recobren la conciencia de su esencia podrán regresar hacia la Fuente. La Conciencia no quiso desprender a los ritmos que decidieron viajar a la Tierra, de la Fuente, los mantuvo unidos con ella a través de la Memoria.

Los ritmos dieron el inicio a las rasas humanas. La Evolución se involucró por completo en el juego de la Conciencia en la Tierra. Claro, el Sol con su familia creaban las condiciones para que la Conciencia se divierta. Según el plan de la Evolución y de la Conciencia cada ritmo pasaría por múltiples transformaciones, antes de convertirse en los seres humanos tales como los conocemos. Todas estas transformaciones ocurrían en el espacio intermedio entre la Tierra y la Fuente. La Conciencia creó en la Tierra especie de una universidad grande. El Sol se encargó de modificar a la Tierra y otros planetas hermanos, según las necesidades de la Conciencia. Cada ritmo debería pasar por 6 facultades principales. Y para cada facultad la Tierra tenía condiciones especiales para los estudios. En la primera facultad el ritmo era simplemente un núcleo de la energía que exploraba la Tierra e intercambiaba con ella. En la segunda facultad el núcleo de la energía aprendía crear la forma luminosa de gran tamaño y multiplicarse por las gotas de sudor que transpiraba. En la tercera facultad el ritmo debería aprender a densificar la energía y adquirir el cuerpo físico. En esta facultad conjuntamente con la Evolución comenzó trabajar la Materia. La Conciencia le dio a esta facultad el nombre Lemurias. Los ritmos lemurianos comenzaron a comunicarse entre sí, aparte de la energía psíquica, a través de los sonidos. Los cuerpos-fantasmas de la facultad anterior, se convirtieron en los cuerpos densos, bastante grandes y tenían diferentes formas. Todos los lemurianos tenían esqueleto, los tejidos blandos, los sistemas de órganos. Tenían un solo ojo, no tenían la nariz, ni la boca, simplemente un orificio en el lugar de la boca. Estaban bastante cerca de la Fuente. Pero a la medida que pasaban de facultad a facultad se alejaban de la Fuente de la creatividad de la Conciencia. Se sostenían de la energía cósmica, con la cual estaban muy familiarizados. La cuarta facultad se llamaba Atlántida. Y en esta facultad los atlantes densificaban aún más sus cuerpos. Cuando lograban densificarse sus cuerpos desminuían en tamaño.

Algo le salió fuera de control a la Conciencia. Ella no podía ni imaginar que dejar ser conciente podría traer graves consecuencias a la Tierra. En la cuarta facultad la Tierra era la encargada de evaluar el desarrollo de los atlantes. La gran mayoría de ellos no logró pasar los exámenes y la Conciencia los convirtió en el abono cósmico. Los que quedaron pasaron a la quinta facultad con el nombre áries-babilonios. Estos somos nosotros, estudiantes de la quita facultad. Después de esta facultad de la Universidad tendremos que pasar por un riguroso examen de la Conciencia y aprobar el ingreso en la facultad de los Dioses o seres Luminosos. Solo aquellos que ingresarán en esta facultad podrán regresar definitivamente hacia la Fuente.

Los estudios en la primera y la segunda facultad no tenían ningún intermedio. Pero a partir de la tercera, cuando los ritmos comienzan materializarse con ayuda de la Materia, los alumnos necesitaban descanso para entrar en otra facultad y fue necesario utilizar las escafandras. Mientras más se densificaba la energía más complejas se hacían las escafandras, y tenían que cambiarse con mayor frecuencia. Andar constantemente dentro de la escafandra era muy incómodo para cualquier ritmo. Y la posibilidad de estar un tiempo sin esta vestimenta era para ellos un verdadero alivio. Las escafandras se quitaban solo en final de un periodo de estudios, cuando el ritmo cumplía con la tarea indicada e iba de vacaciones al campamento, llamado Cielo.

Los estudiantes de la quinta facultad tenían las escafandras más complejas que los estudiantes de las facultades anteriores. La Tierra cambió por completo las condiciones de estudio. Para convertirse en el estudiante de la quita facultad cada ritmo debería salir del Cielo y recorrer enormes distancias, antes de aterrizar. Primero el ritmo atravesaba una dimensión en la cual se convertía en el rayo. Al cruzar la segunda dimensión el rayo se convertía en luz. Al penetrar la órbita de la Tierra, se dividía en siete rayos luminosos, parecidos a un arcoiris. Después adquiría su primera manifestación del estudiante de la quinta facultad – espíritu. Antes de aterrizar en la Tierra recibía su tarea individual de estudios y creaba su escafandra. Entre la escafandra y el espíritu se implantaba el alma, la segunda manifestación del estudiante.

La quinta facultad era muy difícil. El ritmo se encontraba muy lejos de la Fuente. La Conciencia no permitía a la Memoria entregar a los ritmos la información completa de sus orígenes sin que estos venzan los exámenes de las asignaturas programadas. Lo más importante en esta facultad era aprender amar incondicionalmente y volver ser conscientes. Cada examen suspendido se llamaba Karma y hacía el regreso hacia la Fuente cada vez más difícil. Y cada tarea nueva se llamaba Destino. Entre curso y curso el estudiante cambiaba su escafandra en el Cielo y se preparaba para la nueva tarea. El periodo entre cursos se llamaba Muerte. El ritmo descansaba de su escafandra y se preparaba para la Vida, periodo de los estudios. Cada curso duraba hasta unos 60-100 años terrenales. Y para pasar a la sexta facultad cada estudiante debería vencer a la Matriz de Sacrificio. Los incapaces de hacerlo se convertían en al abono cósmico. Solo los CONSCIENTES-AMOROSOS, seres luminosos, podrían convertirse en Dioses y obtener el derecho de regresar hacia la Fuente.

Por: Elena Shapovalova

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