
En tiempos volátiles, puede ser difícil encontrar paz. Mas, cuando alejo la atención del problema y la enfoco en lo interno, en la divina presencia en mí, experimento la paz. Ésta comienza como un susurro callado en mi alma y poco a poco se convierte en una entrega sagrada y total.
Mantengo mi atención en Dios, en Su paz, sin importar lo que sucede a mí alrededor. Permito que la parte más sabia de mi ser me guíe. Los retos se vuelven manejables y el conflicto se desvanece.
Ya no busco respuestas; en su lugar, permito que éstas vengan a mí. Mi mente está despejada y serena. Con mis pensamientos en Dios, creo la paz interna que anhelo.
Bienaventurados los pacificadores, porque serán llamados hijos de Dios. —Mateo 5:9











este artìculo es muy interesante voy a pràcticar la paz.