"Durante todo el día la gente se encuentra y se saluda, pero lo hace automáticamente, inconscientemente, incluso en la familia, incluso en las parejas. Observad: el marido o la mujer sale de casa para ir a trabajar. «Adiós querido, adiós querida…» y se dan un beso. Pero en su beso no hay nada. Se besan por costumbre. En estas condiciones, para qué besarse, es ridículo. Hay que saber dar algo a la persona a quien se besa, para vivificarla, para resucitarla. Pero en cambio, cuando el marido se siente triste y desgraciado besa a su mujer para que lo consuele; y le transmite su tristeza y su desánimo. Los hombres y las mujeres realizan sin cesar intercambios entre sí, pero ¿qué son estos intercambios? Sólo Dios lo sabe… o más bien ¡los diablos lo saben! No está prohibido besar a alguien, al contrario, pero debemos saber cómo y cuando besarle para transmitirle la vida eterna."
Omraam Mikhaël Aïvanhov










