Amado Osho, siento que, a través de] desarrollo de una actitud de resistencia

ante las dificultades, me he resignado a gran parte de la vida. Esta resignación se siente como un peso que se opone a mi intento de tornarme más vivo en la meditación. ¿Significa esto que he suprimido mi yo, y que debo volver a encontrarlo antes de poder perderlo verdaderamente?

Uno de los principales problemas. Parecerá muy paradójico, pero es cierto:

antes de que puedas perder el yo, debes ganarlo. Sólo una fruta madura cae al suelo. Un yo inmaduro no puede ser abandonado, no puede ser destruido. Y, si combates con un yo inmaduro, para disolverlo y destruirlo,todo el intento habrá de fracasar.

Más que destruirlo, lo hallarás más fortalecido, de modos nuevos y sutiles. Esto es algo básico que hay que comprender: el yo debe llegar a un punto máximo, debe ser fuerte, debe haber conseguido una integridad; sólo entonces podrás disolverlo. No se puede desarmar un yo débil. Y esto se transforma en un problema.

En Oriente, todas las religiones proclaman la ausencia del yo; así que, en Oriente, todo el mundo está, desde el vamos, en contra del yo. A causa de esta actitud “anti”, el yo nunca sefortalece, nunca llega a un punto de integración a partir del cual desarmarlo. Nunca madura. Entonces, en Oriente, es muy difícil la disolución del yo; es casi imposible.

En Occidente… Toda la tradición occidental de la religión y la psicología propone, proclama y convence a la gente de tener un yo fuerte porque, si no lo tienes, ¿cómo lograrás sobrevivir? La vida es una lucha; si careces de yo, serás destruido. Entonces, ¿quién resistirá? ¿Quién peleará? ¿Quién competirá? Y la vida es una competencia permanente. La psicología occidental proclama: “Apégate al yo, sé fuerte en él.”

Pero en Occidente es muy sencillo desarmar al yo. Por eso, cada vez que un seguidor occidental descubre que el problema es el yo, puede disolverlo fácilmente, más fácilmente que cualquier seguidor del Oriente. Ésta es la paradoja: en Occidente se enseña el yo, y en Oriente, la falta de yo. Pero en Occidente es fácil desarmar al yo, mientras que en Oriente es muy difícil.

Ésta será una tarea difícil para ti: primero ganar y después perder; porque sólo puedes perder algo una vez que lo posees. Si no lo tienes, ¿cómo podrías perderlo? Sólo puedes ser pobre si eres rico. Si no eres rico, tu pobreza no podrá tener aquella belleza que proclamaba Jesús: la pobreza del espíritu. Tu pobreza no podrá tener esa significación del Buda Gautama cuando se transforma en mendigo. Sólo un hombre rico puede volverse pobre, porque sólo puedes perder aquello que posees. Si nunca has sido rico, ¿cómo podrías ser pobre? Tu pobreza será sólo superficial, nunca espiritual. En la superficie,serás pobre, y en el fondo estarás persiguiendo riquezas. Tu espíritu irá tras las riquezas, será una ambición, será un deseo constante por obtener riquezas. Sólo en la superficie serás pobre. Y hasta puedes consolarte diciendo que la pobreza es buena.

Pero no puedes ser pobre. Sólo un hombre rico, realmente rico, puede ser pobre. Con tener riquezas no alcanza para ser realmente rico. Puedes seguir siendo pobre. Si la ambición sigue presente, aún eres pobre. La cuestión no es lo que tienes. Si tienes suficiente, el deseo desaparece. La desaparición del deseo se utiliza como criterio de suficiencia. Entonces, eres rico: puedes perderlo, puedes volverte pobre, puedes transformarte en mendigo como Buda. Y entonces tu pobreza es rica; entonces, tu pobreza tiene un reino propio.

Y lo mismo sucede con todo. Los Upanishads, o Lao Tse o Buda, todos enseñan

que el conocimiento es inútil. Sólo adquirir más y más conocimientos no ayuda mucho. No sólo no es de mucha ayuda, sino que puede transformarse en una barrera. No es necesario el conocimiento. Pero esto no quiere decir que tengas que ser ignorante. Tu ignorancia no será real. Cuando has acumulado conocimiento

suficiente y lo desechas, entonces obtienes la ignorancia. Entonces, te vuelves realmente ignorante, como Sócrates, que dice: “Sólo sé que no sé nada.” Este conocimiento, o esta ignorancia (puedes llamarla como quieras) es totalmente diferente: su calidad es otra, su dimensión ha cambiado. Si eres ignorante simplemente porque nunca accediste a ningún conocimiento, tu ignorancia no puede ser sabia, no puede constituir una sabiduría. Es sólo ausencia de conocimiento. Y la búsqueda irá por dentro:

¿cómo obtener más conocimiento?, ¿cómo obtener más información?

Cuando sabes demasiado, conociste las Escrituras, conociste el pasado, la tradición, conociste todo lo que se puede conocer, entonces, de repente, tomas conciencia de la futilidad de todo eso; de repente, tomas conciencia de que eso no es ningún conocimiento, ¡eso es prestado! No es tu propia experiencia existencial, no es lo que tú has llegado a conocer. Otros pueden haberlo aprendido y tú sólo lo has reunido. Tu reunión fue mecánica: no se produjo desde ti, no significó crecimiento alguno. Es sólo un montón de basura juntada de otras puertas, ajena, muerta.

Recuerda: el conocimiento está vivo sólo cuando tú aprendes, cuando es tu experiencia directa e inmediata.Pero, cuando aprendes de otros, es sólo memoria, no conocimiento. La memoria está muerta. Cuando acumulas mucho (las riquezas del conocimiento, todo lo que te rodea, las bibliotecas que se condensan en tu mente) y de repente tomas conciencia de que estás cargando con el peso de otros, de que nada te pertenece, de que no has aprendido, entonces puedes deshacerte de todo ese conocimiento.

En este desprendimiento, surge en ti una nueva clase de ignorancia. Esta ignorancia no es la propia del ignorante; es la del hombre sabio, la sabiduría. Sólo un hombre sabio puede afirmar no saber; pero, al decir que no sabe, no está persiguiendo el conocimiento, sino sólo comentando un hecho. Y cuando puedes afirmar de todo corazón no saber, en ese mismo momento tus ojos se abren, los ojos del conocimiento se abren. En ese mismo momento, cuando puedes decir con la totalidad de tu ser que no sabes, te vuelves capaz de aprender. Esta ignorancia es hermosa, pero se accede a ella a través del conocimiento. Es como la pobreza a la que se accede a través de la riqueza. Y lo mismo sucede con el yo: puedes perderlo si lo posees.

Cuando Buda desciende de su trono, se transforma en un mendigo… ¿Cuál es su

necesidad? Era un rey, con su trono, en el punto máximo de su yo. ¿Por qué este extremo de bajar de su lugar a las calles y transformarse en un mendigo? Pero Buda tiene belleza en su mendigar. En la Tierra nunca se conoció un mendigo tan hermoso, un mendigo tan rico, un mendigo tan majestuoso, un mendigo tan emperador.

¿Qué pasó cuando descendió de su trono? Descendió de su yo. Los tronos no son

otra cosa que símbolos:

símbolos del yo, del poder, del prestigio, del estatus. Descendió y entonces se quedó sin yo. Esta falta de yo no es modestia; esta falta de yo no es humildad. Puedes encontrar mucha gente modesta pero, debajo de su humildad, siguen funcionando sutiles yoes.

Se dice que una vez Diógenes fue a visitar a Sócrates. Diógenes vivía como un

mendigo: siempre usaba ropa sucia con muchos parches y agujeros. Aunque te regalaran un vestuario nuevo, no lo usaba. Primero lo ensuciaba, lo ponía viejo, lo gastaba, y sólo entonces lo usaba. Fue a visitar a Sócrates y comenzó a hablar de la falta de yo. Pero la mirada penetrante de Sócrates debe de haber descubierto que este hombre no se había desprendido de su yo. El modo en que hablaba de la humildad era realmente egoísta. Se dice que Sócrates le dijo:

A través de tu ropa sucia y de los agujeros que tiene, no puedo ver sino el yo. Hablas de humildad, pero ese discurso proviene de un centro profundo del yo. Esto sucede. Es así como se produce la hipocresía. Tienes el yo y lo ocultas con una máscara opuesta. Te vuelves humilde en lo superficial. Esta modestia superficial no puede engañar a nadie. Puede engañarte a ti, pero no a otra persona. Tu yo sigue asomándose por los agujeros de tu ropa sucia. Siempre está allí. Esto es sólo un autoengaño; nadie más es engañado. Esto sucede si empiezas a desprenderte de un yo inmaduro Lo que enseño puede parecer contradictorio, pero es la verdad de la vida. La contradicción es inherente a la vida. Te enseño a ser egoísta para que luego puedas quedarte sin yo. Te enseño a ser un perfecto egoísta. No lo ocultes, pues, si lo haces, aparece la hipocresía. Y no combatas el fenómeno inmaduro. Déjalo madurar y ayúdalo: ¡llévalo a su máximo punto! No temas: no hay nada que temer. Éste es el modo en que llegarás a descubrir la agonía del yo. Cuando llegue a su punto máximo, entonces no

necesitarás a Buda ni a mí para que te digamos que el yo es el infierno. Lo sabrás, porque el punto máximo del yo

será el punto máximo de tus experiencias infernales, será una pesadilla. Y entonces no habrá necesidad de que nadie te diga que lo abandones; será difícil cargar con él. Uno accede al conocimiento sólo a través del sufrimiento. No puedes desprenderte de nada sólo por medio de argumentos lógicos. Sólo puedes deshacerte de algo cuando se ha vuelto tan doloroso que ya no puedes cargar con eso. Tu yo aún no se ha tornado tan doloroso; por eso sigues cargando con él. Es natural. Yo no puedo convencerte de que te desprendas de él. Aunque sientas que te he convencido, lo ocultarás: eso es todo. No se puede arrancar una fruta que no haya madurado. La fruta inmadura se

apega al árbol y el árbol se apega a la fruta inmadura. Si los fuerzas a separarse, quedará una herida. La cicatriz quedará, la herida quedará siempre verde y tú siempre te sentirás dolido. Recuerda: todo tiene un tiempo para crecer, para madurar, para caer en la tierra y para disolverse. Tu yo también tiene un tiempo. Necesita madurar.

Entonces, no temas ser egoísta. Lo eres; de no ser asi!, habrías desaparecido hace mucho tiempo. Éste es el mecanismo de la vida: debes ser egoísta, debes abrirte camino, debes combatir con tantos deseos que te rodean, debes pelear, debes sobrevivir. El yo es una medida de supervivencia. Si un niño nace sin su yo, muere. No puede sobrevivir. Es imposible, pues sí tiene hambre no percibirá: “Estoy hambriento.” Sentirá que hay hambre, pero no en relación con él. En el momento en que siente el hambre, el niño siente: “Estoy hambriento.” Comienza a llorar y a tratar de que lo alimenten. El niño crece a través del crecimiento de su yo.

Así que, para mí, el yo es parte del crecimiento natural. Pero esto no quiere decir que tengas que conservarlo para siempre. Es un crecimiento natural; y después hay un segundo paso, en el que hay que desprenderse de él. Eso también es natural. Pero el segundo paso no puede implementarse hasta que el primero no haya llegado a su crescendo, a su clímax, a su punto máximo. Por eso enseño los dos pasos: la formación del yo y la disolución del yo.

Primero, sé egoísta, perfectamente egoísta, como si la existencia toda existiera para ti y tú fueras el centro: 7todas las estrellas se mueven en torno a ti y el sol sale para ti; todo existe para ti, sólo para ayudarte a que estés aquí. Sé el centro y no temas porque, si tienes miedo, nunca madurarás.

Acéptalo: es parte del crecimiento. Disfrútalo y llévalo al máximo punto.

Cuando llegue al punto máximo, de repente tomarás conciencia de que no eres el centro. Fue una falacia, una actitud infantil. Pero eras un niño, así que no hay nada de malo en ello.

Ahora has madurado y ves que no eres el centro. En realidad, cuando descubres que no eres el

centro, también ves que no hay un centro de la existencia, o que el centro está en todas partes. 0

bien no hay ningún centro y la existencia existe como una totalidad, un todo sin centro alguno

como punto de control, o bien cada átomo es un centro. Jakob Bohme afirmó que el mundo

entero está lleno de centros, que cada átomo es un centro, y que no hay circunferencia alguna:

centros por todas partes y ninguna circunferencia.

Estas dos son las posibilidades: ambas significan lo mismo; sólo los términos son diferentes y

contradictorios. Pero, primero, transfórmate en el centro. Es así: estás en un sueño; si el sueño llega a un punto máximo, se quiebra. Siempre sucede: cada vez que un sueño llega al clímax, se quiebra. ¿Y cuál es el clímax de un sueño? El clímax de un sueño es la sensación de que es real. Sientes que es real, que no es un sueño, y sigues más y más y más y más hasta un pico más alto, y el sueño se vuelve casi real. Nunca puede volverse realidad; se hace casi realidad. Se acerca tanto a la realidad que ahora no puedes ir más allá, pues un paso más y el Sueño se hará realidad; ¡y no puede volverse real, porque es un sueño! Cuando llega tan cerca de la realidad, el sueño se quiebra, se destroza, te despiertas del todo. Lo mismo sucede con todo tipo de falacias. El yo es el sueño más grande. 7Tiene su belleza, su agonía. Tiene su éxtasis, su agonía. Tiene sus cielos y sus infiernos, ambos están allí.

Los sueños a veces son hermosos y otras veces son pesadillas; pero ambos son sueños. Entonces, no te pido que abandones tu sueño antes de que haya llegado el momento. No; nunca hagas nada antes del momento indicado. Deja que las cosas crezcan, permite que las cosas tengan su tiempo, para que todo suceda en forma natural. El yo caerá. También puede caer a su propio ritmo. Si simplemente lo dejas crecer y lo ayudas a desarrollarse, no habrá necesidad de abandonarlo. Esto es muy profundo. Si lo abandonas tú, el yo se conserva en tu interior. ¿Quién lo abandona? Si crees que tú te deshaces de él, como tú eres el yo, cualquier cosa que abandones no

será real. Lo real se conservará y habrás tirado alguna otra cosa. No puedes dejarte a ti mismo sin yo. ¿Quién lo hace? Sucede, no es una acción. Creces en el yo y llega un punto en el cual todo se transforma en algo tan infernal que el sueño se quiebra. De repente, ves que el ganso está afuera, y que nunca ha estado en la botella. Nunca has sido un yo: era sólo un sueño a tu alrededor. Un sueño necesario, creo yo. Por eso no lo condeno: es una parte necesaria del crecimiento.

En la vida, todo es necesario. Nada es innecesario, ni podría serlo. Cualquier cosa que haya sucedido, debía suceder. Cualquier cosa que esté sucediendo, está sucediendo debido a ciertas causas. La necesitas, así que puedes conservar la falacia. Es sólo un capullo que te ayuda, que te protege, que te ayuda a sobrevivir. Uno no necesita permanecer en el capullo para siempre. Cuando estés listo, rompe el capullo y sal. El yo es la cáscara del huevo: te protege. Pero, cuando estés listo, rompe la cáscara y sal del huevo. El yo es la cáscara. Pero espera: apurarse no servirá de mucho; la prisa no ayudará: puede estorbar. Dale tiempo y no lo condenes… Porque… ¿quién lo condenaría? Entonces, ésta es mi postura: el yo debe caer, pero esto puede implicar una larga espera. Y tú sólo puedes desprenderte de él si lo cultivas. Ésta es la dificultad de todo el fenómeno, pues la mente se pregunta: “Si tenemos que abandonarlo, ¿para qué cultivarlo?” Si escuchas a la mente, estarás en problemas. La mente siempre es lógica y la vida siempre es ilógica; así que nunca se encuentran.

Esto es lógica simple, matemática básica: si debes destruir esta casa, ¿para qué edificarla? ¿Por qué preocuparse? ¿Por qué todo este esfuerzo y esta pérdida de tiempo y de energía? La casa no está allí. Entonces, ¿para qué construirla y después tirarla abajo? En realidad, la cuestión no es la casa; la cuestión eres tú. Al construir la casa, cambiarás; y luego, al destruir la casa, cambiarás completamente: ya no serás el mismo. Porque, al hacer la casa, el proceso mismo te dará

pruebas de un crecimiento. Luego, cuando la casa está terminada, la tiras abajo. Eso será una mutación. La mente es lógica, y la vida, dialéctica. La mente se mueve en una sola línea y la vida siempre se desplaza saltando de un polo a otro, de una cosa a su opuesto. La vida es dialéctica.

Crea, y después la vida te ordenará destruir. Nace, y luego la vida te ordena morir. Gana, y entonces la vida te ordena perder. Enriquécete, y luego la vida te ordenará volverte pobre. Llega al punto máximo, al Everest del yo, y luego salta al abismo de la pérdida del yo. Así habrás conocido las dos caras: la ilusoria y la real, el maya y el Brahma. Casi todos los días sucede: alguien llega para ser iniciado en sannyas y,

entonces, su mente empieza a funcionar y me dice: Usar color naranja me hará más egoísta, porque sentiré que soy alguien diferente, distinto: soy un sannyasin, alguien que ha renunciado. Así, usar color naranja me hará más egoísta.

Y yo le respondo:

Hazlo, vuélvete egoísta, pero en forma consciente. El yo es una enfermedad si no tienes conciencia de él, si lo escondes en el inconsciente. El yo es un juego si tienes conciencia de él. Puedes disfrutarlo. Puedes jugar con él. Manténte consciente y alerta; participa del juego. No está mal jugar pero, sí te olvidas de que es un juego y te pones demasiado serio, entonces surge el problema. Por eso digo que el sannya no es algo serio, es un juego- un juego religioso, por cierto. Tiene sus propias reglas, pues todo juego debe tener sus reglas; sin reglas, no se puede jugar ningún juego. La vida puede existir

sin reglas, pero no los juegos. Si alguien avisa que no va a cumplir una regla, no es posible jugar

el juego.

Cuando juegas a las cartas, sigues reglas. Nunca dices que las reglas son arbitrarias, artificiales, ni propones cambiarlas. Puedes modificarlas, pero entonces será difícil jugar. Y, si cada individuo sigue sus propias reglas, el juego se torna imposible. ¡La vida es posible! Puedes jugar como quieras, porque la vida nunca cree en reglas: está más allá de las reglas. Pero los juegos tienen reglas. Recuerda: cuando veas reglas, de inmediato considera que se trata de un juego. Éste es el criterio: siempre que veas reglas, considera de inmediato que es un juego, pues los juegos existen gracias a las reglas.

Entonces, si digo “Usa el color naranja, ten el mala” (éste es, evidentemente, el juego), juégalo lo

mejor que puedas y no lo tomes como algo serio; si no, se te pasará por alto el punto principal.

Sé egoísta: perfecto, cultivado, refinado. Sigue trabajando en tu yo y haz de él una hermosa´

estatua porque, antes de que lo devuelvas a la existencia, debe ser algo que valga la pena

entregar, debe ser un regalo.

Amado Osho, dijiste que se necesita mucha energía para lograrla química interior.¿Nos hablarías de la energía? ¿Cómo podemos acumularla, y cómo la retenemos?

¿De qué maneras la perdemos? ¿Podemos obtenerla de fuentes externas?

Lo primero: eres parte de una energía infinita, una ola en un océano infinito. Si puedes recordar esto, nunca pierdes energía, porque siempre está disponible una fuente infinita. Eres

sólo una ola, y en el fondo se oculta todo el océano.

Naces. ¿Quién te da nacimiento? ¿Quién te da energía para moverte dentro del

cuerpo? ¿Quién le da energía al cuerpo para transformarse en un mecanismo automático y delicado, en un organismo? Durante setenta u ochenta años, o hasta cien años, el cuerpo se conserva vivo. Y ahora los científicos afirman que la muerte es un accidente, que el cuerpo puede conservarse indefinidamente. Los científicos dicen que no hay necesidad de que exista la muerte. Existe porque no hemos podido usar la energía infinita que nos rodea. Entonces, lo primero para recordar es que eres parte de una energía infinita.

Recuérdalo y siéntelo continuamente. Al moverte, al caminar, al comer, al dormir, siente que eres infinito. Esto es lo que dicen los Upanishads: siempre siente que eres el Brahma, el eterno. Si puedes sentirlo cada vez más, tomarás conciencia de que no estás perdiendo energía. La fuente queda a tu disposición. Te transformas en un vehículo. Entonces, haz lo que quieras. Nadie pierde energía por actuar.

Ésta es una de las falacias de la mente humana que si haces algo, pierdes energía. No, si tienes esta idea de que, al hacer algo, pierdes energía, en realidad pierdes energía, pero no por hacer algo, sino por tener este concepto. Si no, puedes ganar energía a través de la acción (si tienes la idea). Si no tienes ninguna idea, entonces no pierdes ninguna energía.

Cuando la gente se jubila, empieza a pensar que ahora tiene menos energía y que, por lo tanto, debe descansar y relajarse más; no tendrían que hacer nada, para evitar perder la energía. Y entonces mueren antes de lo que hubieran muerto. Las estadísticas indican que la duración de la vida se reduce como diez años:

una persona que trabaja podría haber vivido hasta los setenta años; pero, si se jubila, morirá a los sesenta.

Tu cuerpo es un dínamo. Cuanto más lo usas, más energía te es provista desde la fuente infinita. Si no la usas, no habrá necesidad de nuevos aprovisionamientos. Entonces, poco a poco, el aprovisionamiento se detiene.

Sé más activo y tendrás más energía. Sé menos activo y perderás mucha energía. Por medio de la actividad, la energía no se pierde; se renueva. Usas la energía y, entonces, desde la fuente, queda a tu disposición más energía.

Mira los árboles. El sol se asoma y comienza a evaporarse el agua de las hojas de los árboles. En el momento en que de una hoja comienza a evaporarse el agua, más agua comienza a circular desde las raíces. Es un proceso largo. La hoja libera agua y, entonces, en las cercanías de la hoja, se produce cierta sequedad. Esa sequedad de inmediato chupa el agua del vaso capilar; el vaso capilar se seca y chupa agua de su rama. Y esto continúa hasta las raíces, que chupan agua de la tierra. Si las hojas

pensaran “Si se evapora el agua, moriremos, tendremos sed”, este árbol moriría, pues las nuevas fuentes no estarían disponibles, con lo cual las raíces no podrían funcionar.

Tú también tienes raíces en el infinito. Cuando usas energías, chupas energía del infinito. Tus raíces comienzan a funcionar. En la mente humana, hay una idea totalmente falaz: que perdemos energía a través de la actividad. No. Cuanto más activo seas, más energía tendrás. Cuanto menos activo, menos energía tendrás.

Y esto es cierto de la actividad en todas las direcciones de la vida. Ama más y tendrás más amor para dar. Vuélvete miserable y piensa: “Si amo más, mi amor se gastará y, más tarde o más temprano, ya no me quedará más amor; así que es mejor guardarlo.” Entonces, tu amor morirá y ya no podrás amar. Ama y tendrás más amor a tu disposición. Usa más y tendrás más. Ésta es la ley de la vida. Puedes comerte la torta y tenerla al mismo tiempo. La compasión, el amor, la actividad; cualquiera sea la dimensión, se aplica la misma regla. Cuando quieras más de una cosa, hazla. Si quieres transformarte en una fuente infinita de amor, entonces sigue compartiendo el amor tanto como puedas. No seas miserable; sólo los miserables pierden energía. Y todos somos miserables; por eso siempre nos sentimos desgastados.

Cualquier idea puede transformarse en una ayuda o en un obstáculo. Es difícil vivir en la no-idea. Entonces, antes de que puedas alcanzar un estado sin pensamientos de la mente, cuando todo quede a tu disposición de manera espontánea, antes de eso, es mejor tener en mente esta idea: que eres parte de una energía infinita y que, al hacer, ganas, no pierdes. Al dar, estás obteniendo, no perdiendo.

El amor, el sexo, la actividad, sea lo que sea, siempre recuerda y llénate de la idea de que, cada vez que das algo, a través de las raíces, tienes más a tu disposición, más te es dado.

Dios es un dador, un dador incondicional. Si tú también eres un dador, tus manos siempre estarán

vacías y Dios podrá darte más. Si eres miserable, tu relación con lo divino se corta. Entonces

vives como una pequeña ola, siempre con miedo de perder. Vive como el océano. ¡Sé oceánico!

Nunca pienses en perder, en nada. Nada se pierde, nada se puede perder. Y tú no eres un

individuo; sólo pareces ser un individuo. La totalidad está unida a ti; eres sólo una faceta de

la totalidad, sólo uno de los modos en que se ha dado la totalidad. No te preocupes por eso.

Nunca va a terminar. Esta existencia no tiene comienzo ni final. Disfruta, festeja, sé activo, pero

siempre sigue dando. Sé un dador tan completamente que nunca pienses en retener algo o

quedártelo; es la única oración real. Dar es orar. Dar es amar. Y aquellos que dan, siempre

reciben más. Suficiente por hoy.

Mi Camino, El camino de las Nubes Blancas

Título Original: My Way. The Way of the White Clouds

Ó1978, Osho International Foundation.

Traducción: Vanina Cúccaro

Digitalizador: @ Salvador L (Ushuaia, Arg.)

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