"Los medicamentos que tomáis cuando estáis enfermos, poseen evidentemente propiedades curativas. Pero serían insuficientes, e incluso serían inútiles si, también en vosotros, algo no contribuyera a la curación: la misma materia de vuestro cuerpo, que animada y exaltada por la fuerza de vuestro espíritu es capaz de defenderse. Tanto más cuanto que, a menudo, estos medicamentos que combaten las enfermedades debilitan al mismo tiempo el conjunto del organismo. Es preciso pues dejar al organismo la posibilidad de defenderse despertando las fuerzas que se hallan en él. De la misma manera, un médico no debe ser únicamente aquel que receta medicamentos. Su amor por los enfermos, su compasión por sus sufrimientos, su voluntad de curarlos le dan una especie de poder mágico: de toda su persona emanan fluidos poderosos que penetran en el enfermo y lo vivifican, lo resucitan. Esto es lo que también habría que enseñar a los estudiantes de las facultades de medicina: que los remedios materiales son insuficientes y que con su presencia deben ellos mismos convertirse en una medicina viva para sus enfermos."
Omraam Mikhaël Aïvanhov







